Salí de mi casa a las nueve de la mañana, no tenía mucho afán para votar. He creído que la democracia nunca podrá ser limpia, el pueblo nunca será homogéneo, la diversidad, en estos tiempos de globalizar, es lo que se siente en el aire.
Sin embargo, me fui a sufragar porque quise jugar un poco a la democracia colombiana y apoyar la propuesta más indicada; la que mejor aceptaba la diversidad.
Mi mesa de votación estaba ubicada en la facultad de Humanidades. En el camino, pude pasar por la sede de Juan Manuel Santos y ver la fiesta que estaban formando para celebrar el triunfo.
Por toda la carrera cuarta pude observar a personas de todos los partidos políticos; especialmente de la U.
Nadie se veía apasionado, pocos demostraban su ansiedad. Había un ambiente de desconfianza por todas partes. El sol encima de los edificios coloniales blancos, encandilaba las miradas y resaltaba los colores de los globos, afiches, stikers, botones, camisetas...Una campaña política multicolor, por no decir psicodélica y extravagante.
Tenía mucha ansiedad, realmente temo al gobierno de Santos. Fue fácil votar, no dude ni un momento. Dentro de la facultad, todo era paz, normalidad total; daba la apariencia de unas elecciones limpias y reales.
Al salir me encontré las toldas de los partidos políticos y una ciudad agitada por elecciones. Al llegar a la sede de mi candidato la emoción me saltó del pecho como si pudiera confiar en él. Me sentí como heroína de la ficticia democracia, menos de una hora después había perdido la esperanza.
Con todas las personas que hablaba buscaba entablar un debate o por lo menos saber su impresión sobre las elecciones. Cada uno apoyaba a su candidato, pero admitía que la "maquinaria" era muy pesada, por mi lado pensábamos la grandeza de la concupiscencia del estado.
Fue en un santiamén que escrutaron los votos, por primera vez, tuvimos un el 80% de mesas escrutadas en dos horas; incomprensible para muchos. A esto se le suma, la cantidad de votos reales por el candidato del gobierno. Nuestra patria decidió reelegir. Ganó la polarización.
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