La disidencia en Cuba, una guerra que encara al hambre y la opresión.
Después de cuatro días en reunión con el cardenal Jaime Ortega, el presidente Raúl Castro accede a reubicar a los disidentes enfermos y darles la atención médica necesaria.
En 1988, nace en la Habana, el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, un ala política de comité cubano pro derechos humanos, CCPDH. Este partido se conformó con la intensión de luchar y protestar contra el régimen cubano, con militantes de todas las alas políticas. Muchos revolucionarios, por ejemplo, se indignaron al ver cómo Fidel, le arrebataba la independencia al movimiento obrero y violaba muchos de los derechos de la integridad individual. Se creó bajo la dirección de Ricardo Bofill Pagés y un reducido grupo de colaboradores, todos procedentes de las filas del antiguo Partido Socialista Popular (Comunista), que habían entrado en abierta contradicción con el régimen castrista y que, más tarde, dejaron a un lado su formación ideológica marxista, en busca de fórmulas democráticas.
Esta corriente política y contestataria, es influenciada por los movimientos disidentes de Rusia y Polonia de los años 70, creados como oposición al régimen totalitario comunista y a la persecución sin precedentes de la KGB, que amenazaba y asesinaba a líderes políticos o personas sospechosas de incitar al derrocamiento del régimen. En cuba, el CCPDH, alega que la isla, tiene un carácter de diversidad cultural e ideológica, por lo tanto es increíble pensar, que un gobierno que proclame el socialismo y la libertad de expresión, quiera imponer una dictadura y considere perjudicial o ilegal cualquier acto de libre personalidad que valla en contra de esos intereses.
Hoy en día, el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, continúa oponiéndose al régimen de una manera dura y valiente. Aunque existen cientos de presos políticos arrestados injustamente por desistir.
Uno de los puntos neurálgicos de esta guerra, es la defensa que hacen los disidentes a la globalización; para ellos, es una injusticia que Cuba se encuentre aislada del mundo entero; todos los países hoy en día, sobretodo los latinos, están buscando la reivindicación económica por medio de la cooperación internacional; Cuba, sólo recibe algunas ayudas patéticas por parte de los países comunistas como China, Rusia, Polonia o Venezuela.
Para el CCPDH, defender la libertad de expresión y de asociación, es lo principal. Desde hace tres décadas, esta problemática está dividiendo la opinión de los cubanos, pero el régimen todavía se encuentra en pie, y mientras se mantenga, los disidentes seguirán siendo atropellados y callados.
Actualmente, de los cientos de presos políticos arrestados en condiciones infrahumanas, 26, se encuentran en mal estado de salud. Por esto, el opositor Guillermo Fariñas, psicólogo y periodista, lleva 89 días de huelga de hambre, esperando a que el gobierno, pueda liberar a sus compañeros y darles la atención médica que necesitan. La huelga, nos recuerda el caso del disidente Orlando Zapata, fallecido el pasado 23 de febrero por no sobrevivir a la huelga de hambre que emprendió sin éxito por sus compañeros de lucha.
La triste situación social que se está viviendo en Cuba, será interminable mientras se mantenga el estado castrista. Muchos aseguran que esto sólo podrá durar hasta que Fidel Castro muera, y su hermano Raúl deje de gobernar; para un sector de los opositores, este será el paso a la libertad que tanto han esperado. Pero otros, más pesimistas, aseguran que el régimen es muy fuerte y se sostendrá.
Lo cierto, es que Cuba, no ha podido salir de la crisis económica, y es uno de los países más atrasados en desarrollo social y en tecnología, aunque se sigue destacando por la calidad de sus médicos y maestros.
Los opositores no se oponen a la educación, es más, la defienden. Solamente alegan porque se respeten los derechos humanos y la libertad de expresión. Con el apoyo del cardenal Jaime Ortega, próximamente los presos políticos regresarán a sus ciudades de origen y recibirán urgente atención médica.